De casualidad, hace unos días, cayó en mis manos un artículo titulado La crisis de los cuarenta a pesar de no estar en esa edad, sentí curiosidad por su contenido motivada por la “crisis” que estoy atravesando aunque yo la he denominado “la crisis de los 30”.
Antes de continuar, habría que definir qué se entiende por crisis. En mi opinión la crisis se produce con una pérdida de la brújula interior, una pérdida de la meta o en algunos casos al descubrimiento de la inexistencia de ésta, que tiene más que ver con lo que somos que con lo que tenemos.
En mi caso se trata de un cambio de norte al estar cerca de la meta y descubrir que ese no era mi camino, pero ¿cuál es mi camino? Esa es la pregunta que he intentado responder durante estos dos últimos años. Cuando siempre has tenido tu meta muy clara y has luchado duro para conseguirlo, la ruptura radical con ésta es un proceso muy duro que te hace estar perdido en un inmerso océano sin saber a qué barco dirigirte. Durante este periodo ha habido momentos de estar sujeto a una tabla de madera, pero las fuerzas flaquean y sin una ruta por la que navegar esa situación no es sostenible en el tiempo.
El primer paso para poder marcar la ruta es autoconocimiento, conocerte a fondo, para poder descubrir tus capacidades y habilidades y escuchar muy activamente a tu intuición, pues seguramente ella sepa mejor que tú mismo hacía donde quieres ir. Aunque este autoconocimiento hay que completarlo con análisis lo más objetivo posible de tus actitudes, aptitudes, capacidades, conocimientos,… teniendo muy presente cuál es tu situación real, cuáles son las características del microentorno y el macroentorno en el que te muevas.
Tener en cuenta el entorno, es algo necesario y fundamental para el éxito de nuestras acciones, tiendo en cuenta las dos afirmaciones siguientes:
- Por muy positivo que sea, eso no asegura nuestro éxito personal si no nos marcamos una meta, creemos en ella y luchamos con toda nuestra fuerza para alcanzarla.
- El que nuestro entorno sea negativo o nada idóneo, siempre podemos propiciar el cambio que deseamos, aunque cueste más, simplemente hay que agudizar el ingenio y “poner toda la carne en el asador”, aunque nos cueste más tiempo y esfuerzo, utilizamos los tres ingredientes necesarios (objetivo claro, creencia en ese objetivo y fuerza y ganas de conseguirlo) es seguro que lo conseguiremos.
Después de mucha meditación, trabajo de autoconocimiento, reflexión sobre mis habilidades y características intrínsecas a mi personalidad así como un conocimiento profundo de mi entorno, POR FIN, me encuentro en un momento de reorientación, en el que he vuelto a redibujar mi meta vital marcándome un gran objetivo inicial hacia el que navegar.
Y para conseguirlo ya estoy dando los primeros pasos!! Si quieres saber más, mantente atento que iré comunicando las novedades sobre éste y otras reflexiones en el blog.